NOTA DE TAPA

El arduo (y feliz) camino de la autosuperación

Dr. Víctor Castillo Mantilla
Presidente Fundación
Cardiovascular de Colombia

La historia de la FCV está plagada de desafíos que fueron superados por el camino más largo, sin la intervención de mecenas o inversores. Desde sus inicios en Bucaramanga, a la reciente certificación EMRAM nivel 7 de HIMSS, la senda recorrida pone en evidencia el compromiso con la búsqueda del valor y la calidad. 

El Doctor Víctor Castillo Mantilla es colombiano de Bucaramanga (capital del departamento de Santander), y se define como cirujano cardíaco. Quien entre en más detalle en su hoja de vida aprenderá que se recibió como médico cirujano en la Escuela de Medicina Juan N. Corpas en 1980. “Los médicos colombianos tenemos la obligación, una vez graduados, de trabajar para el Estado durante un año en la Medicatura Rural”, explica Castillo. Este servicio es el único con el que cuentan muchos pueblos que están alejados de los grandes centros urbanos. “Me fui a San Gil, una población a dos horas de viaje de Bucaramanga. Si en Bucaramanga estaba todo por hacer en materia de Salud, San Gil tenía todavía más restricciones”. Fue allí, luego de ver de cerca las necesidades de la población, que decidió dedicar su vida a cambiar esa realidad. 

El primer paso fue vincularse con hospitales y fundaciones de los Estados Unidos que aceptaban atender gratuitamente a niños de otras partes del mundo enfermos del corazón, particularmente North Star University Hospital (Long Island, New York) y el Variety Club International (una fundación de beneficencia). Cuatro semanas después del primer abordaje, ya estaban operando al primer niño enfermo del corazón a través de este programa que, en total, involucraba a cinco hospitales.

En 1982, Castillo empezó su especialización en Cirugía General en la Universidad del Valle (Colombia), recibiéndose en 1985. Luego regresó a Bucaramanga para sentar los cimientos jurídicos de la Fundación Cardiovascular (FCV). “En diciembre reuní a los cardiólogos que había en la ciudad, que eran ocho, algunos incluso entrenados en México. Y, junto con el Doctor Quirós y otros colegas, el 12 de diciembre de 1985 firmamos el acta de creación de la Fundación Cardiovascular, que comenzó a operar legalmente en el primer semestre del año siguiente”. Luego de este hito, en 1988 Castillo se va a Medellín (en la Universidad Pontificia Bolivariana), a completar su especialización en Cirugía Cardiovascular. Hacia fines de 1990 regresará a Bucaramanga con el título bajo el brazo y la firme intención de empezar un programa en una ciudad que, en sus propias palabras, “no tenía nada”, habida cuenta de que la FCV existía en ese momento sólo en los papeles. “La gente no creía que fuera posible llevar adelante ese programa. Me encontré con mucha incredulidad… Y era comprensible: de no tener nada a lo que nosotros proponíamos, operar el corazón, era dar un salto de garrocha fenomenal”. Con todo, dos meses después ya estaban haciendo la primera de estas cirugías. 

De a poco, la FCV fue generando confianza y, en base a una estrategia de mediano y largo plazo, a buscar los recursos que sostuvieran ese programa tan ambicioso. “Ganábamos dinero por cirugías y prestación de servicios, y reinvertíamos el 100% en la FCV para su crecimiento y sostenibilidad. Nunca tuvimos un mecenas. Fue el esfuerzo de todo el grupo de trabajo el que creó las condiciones para que se desarrollara la Fundación. Hoy llevo 33 años como presidente, pero esa posición antes era la del director, porque alguien tenía que ocuparse de la parte administrativa”. 

Castillo recuerda que en las primeras doscientas cirugías, sostenidas por donaciones de fundaciones norteamericanas y alquilando quirófanos en otras entidades, ninguno de los miembros del equipo ganó un solo peso: todo fue a la FCV. Hoy la organización tiene más de mil médicos y casi 800 camas en unas instalaciones hospitalarias que son de las más grandes de Colombia. La FCV alberga los institutos Cardiovascular, de Cáncer, y de Ortopedia, Traumatología y Reumatología. También los de Neurología y de la Mujer, además de ofrecer servicios de Nefrología y Urología, Clínica del Dolor, y Cirugía Plástica y Reconstructiva.

"Nunca tuvimos un mecenas. Fue el esfuerzo de todo el grupo de trabajo el que creó las condiciones para que se desarrollara la Fundación"

Los desafíos en materia de atención

Hoy, FCV atiende no sólo a la población de Bucaramanga y alrededores, sino también a pacientes de todo Colombia y de otros países de Latinoamérica. “Atendemos población de Centroamérica y del Caribe, y hemos recibido pacientes muy complejos de Ecuador, de Venezuela, de las Guyanas. De Panamá, de Belize… Tenemos un mercado mucho más grande hoy”. Castillo estima que un 40% de los pacientes son de la región lindera, otro 40% llega desde el resto del país y otro 20% de los países vecinos.

En este contexto, explica el Presidente de la FCV, los desafíos son numerosos. “Colombia está en la discusión previa a una nueva reforma de Salud. El sistema de Salud anterior empezó en 1993 (Ley 100), coincidiendo un poco con los inicios de la FCV. El boom de la Ley 100 nos permitió crecer gracias a la inversión gubernamental y a la reorganización del sistema, que antes sólo consideraba hospitales públicos”.

Esta ley, que impulsaba una transformación en la Seguridad Social, garantizó el que hubiera pagadores que sostuvieran el sistema. Sin embargo, Castillo sostiene que las bondades que hace tres décadas brindaban la Ley 100, hoy se han transformado en lo contrario. De las doscientas entidades promotoras de salud (EPS, las pagadoras: el equivalente en otros países a las obras sociales) que había en Colombia, hoy sólo quedan veinte y todas con problemas económicos. El nuevo modelo propone que el pagador sea el Estado. “Mientras esto se define, todos los hospitales en Colombia estamos pasando por problemas”. Treinta años después, resume Castillo, el problema sigue siendo de acceso a los recursos. “Todos estamos trabajando para que esto se resuelva rápidamente y tengamos un nuevo modelo”.

El otro desafío, apunta Castillo, “es estar a la bandera de la tecnología, tanto en la parte médica como de equipamiento, para mantener el liderazgo en Colombia e internacionalmente”. Aquí, el costo de la tecnología es uno de los mayores limitantes, teniendo en cuenta que Colombia es un país que está en crisis. “Entonces, mantener el liderazgo en Tecnología implica un gran esfuerzo”. Nuevamente, sintetiza el ejecutivo, “hablamos de un problema de recursos”.

"Atendemos población de Centroamérica y del Caribe, y hemos recibido pacientes muy complejos de Ecuador, de Venezuela, de las Guyanas. De Panamá, de Belize… Tenemos un mercado mucho más grande hoy”.

Dar valor con calidad

“Parte de nuestra estrategia para crecer y buscar reconocimiento es ser líderes en temas de innovación en calidad, de innovación tecnológica y digital, de innovación en materia de conocimiento y de innovación en todo lo que tiene que ver con la docencia y la investigación. En el año 2000 la FCV fue la primera entidad de Salud de Colombia, y de las primeras en Hispanoamérica, que se certificó bajo la norma ISO 9000”. Vale recordar que recién en 1997 la FCV pudo abrir un hospital (instalaciones físicas propias), inaugurando un innovador instituto cardiovascular con 200 camas. “Sólo atendíamos padecimientos del corazón, de modo que un hospital de 200 camas parecía un exabrupto en Bucaramanga. Por fortuna, antes de que se cumplieran los dos meses ya teníamos una ocupación del ciento por ciento. Había mucha necesidad, no sólo en nuestra región sino en todo el país”.

A partir de ese momento, dentro del Plan Estratégico Quinquenal, la calidad se transformó en el norte de la brújula del FCV. “Por eso siempre hemos sido líderes en calidad en Colombia, y un referente para América Latina”, asegura Castillo y cita: además de haberse convertido en el primer hospital certificado bajo las normas ISO 9000 en Colombia, también fue el primero acreditado en norma de calidad colombiana en 2005 y luego, en 2009, recibiría el reconocimiento de Joint Commission International (JCI), transformándose en el primero en Colombia en recibir esta acreditación y noveno en América Latina. A mediados de 2022, el complejo médico de la FCV, integrado por el Hospital Internacional de Colombia y el Instituto Cardiovascular, es el primero del país en lograr la certificación EMRAM nivel 7, el mayor estándar de HIMSS en lo que refiera a la digitalización de los hospitales. Lograr esta certificación, que involucra una profunda transformación y disponer de una plataforma para pasar a ser un hospital “despapelizado” e inteligente, les llevó cinco años.

Consultado sobre el proceso de esta última certificación, Castillo aclara: “No fue sólo la digitalización de historia clínica, sino es una transformación institucional para que todos los procesos médicos, de enfermería, administrativos, pero sobre todo los procesos clínicos, puedan hacer ese viraje y así convertirse en digitales. El hospital nivel 7 es un hospital cero papel y todas las transacciones se hacen a través de la red. Esto significa que no puede haber ningún médico o enfermera que lleve una libreta en el bolsillo apuntando las medidas que hay que tomar con un paciente. Si eso ocurre, automáticamente le quitan a uno la acreditación”.

Lograr ese cambio en el mindset a escala individual requirió de un trabajo a nivel cultural. De hecho, y a pesar de tener ya desplegada la Historia Clínica Electrónica (HCE) desde 2001, quince años después, cuando HIMSS evaluó en qué nivel estaba la entidad para avanzar con el proceso de certificación (allí donde las expectativas eran al menos nivel 4 o 5), esa evaluación resultó devastadora: nivel cero.

Luego de ese fuerte trabajo de transformación cultural, para el cual formaron un equipo interno dedicado al proyecto HIMSS (no contrataron asesores externos), en 2020 solicitaron el comienzo del proceso de certificación. “En 2021 alcanzamos la certificación EMRAM nivel 6, que fue un avance enorme. Fue un trabajo en equipo que integró todas las áreas clínicas del hospital. Y ya nos pedían proyectos de IA para poder certificar en el nivel 7”, recuerda Castillo, orgulloso de haber superado con su equipo también ese desafío. “En el mundo, los hospitales que han certificado nivel 7 somos menos de un centenar”, aclara.

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