TELEMEDICINA

EL IMPACTO DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS EN TRATAMIENTOS DE SALUD MENTAL

Dr. Felipe Soto-Pérez
Profesor de la Facultad de Psicología
Universidad de Salamanca

La pandemia aceleró el uso de nuevas tecnologías como mediadoras de los tratamientos de Salud Mental. Sin embargo, no existe un corpus que permita establecer las mejores prácticas en la materia. El V Congreso Internacional en Salud Mental Digital, y el libro Casos clínicos en telesalud mental editado por Elsevier, se proponen hacer un aporte valioso al respecto.

Felipe Soto-Pérez es Doctor en Psicología y Profesor en el Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Facultad de Psicología de la Universidad de Salamanca. El profesor Soto-Pérez está coordinando y luego participará del VI Congreso Internacional en Salud Mental Digital #CSMD24, a celebrarse en formato online el a finales de noviembre de 2024. En dicho espacio presentará el libro Casos clínicos en telesalud mental, publicado por Elsevier y cuya coordinación estuvo a su cargo en conjunto con el Doctor Juan José Martí-Noguera (también Doctor en Psicología, editor del primer Manual de telesalud mental publicado en español, y organizador de los Congresos en Salud Mental Digital entre 2019 y 2022). (El volumen puede conseguirse en librerías o en la tienda online www.elsevier.com y tienda.elsevier.es).

A pesar de residir en España, el Doctor Soto-Pérez es chileno (Santiago, n.1975). “Allí me formé como psicólogo experiencial, que es una corriente humanista que privilegia mucho el contacto con el individuo y el trabajo conjunto”. Luego, por motivos coyunturales, cuando llegó a hacer su doctorado en España quedó vinculado a los aspectos tecnológicos de la práctica. Corría el año 2006 y en un principio se resintió un poco por el cambio cultural entre ambos países: “Allá, en psicoterapia experiencial se utiliza el contacto físico, y justamente este tipo de contacto es uno de los mayores ausentes en los tratamientos mediados por tecnologías”, compara. Pronto comenzó a trabajar en lo que en aquel momento se denominó “Ciberterapia”.

“Era un campo absolutamente desconocido. Recuerdo haber hecho una primera revisión breve, y fue como abrir una tumba del Antiguo Egipto. Descubrí una línea de trabajo que no conocía. Y esto coincidió con mi migración (de Chile a España), entonces se daba el caso de que empecé a mantener todas mis comunicaciones con los seres queridos y otras relaciones mediado por la tecnología. Así que fue un suerte de doble descubrimiento, lo que me llevó a investigar más. Mi tesis fue un programa de psicoeducación para familiares, es decir cómo los familiares tienen que apoyar a una persona que tiene una esquizofrenia. Y allí comparamos grupos de atención tradicional con grupos atendidos por videoconferencia. Recordemos que, en 2006, todavía no teníamos el desarrollo que hoy tienen estas herramientas. Por ejemplo, era difícil mantener una videoconferencia múltiple”. Como dato de color, tan sólo tres años antes se había generalizado la videollamada a los clientes de software de mensajería (en los países desarrollados), y Skype presentaba videollamadas a 25 personas con descarga gratuita. Esta tesis fue terminada en 2010 y leída dos años después.

Consultado sobre las tecnologías que tienen incidencia en temas de Salud Mental, Soto-Pérez explica que, en la actualidad, lo más utilizado es la videoconferencia, cuyos primeros trabajos se remontan a 1956, en Nebraska, Estados Unidos. Con todo, el hito más reciente en torno a esta herramienta fue la pandemia. “Antes de la Pandemia, el uso de videoconferencia entre los profesionales de la Salud Mental no llegaba el 20%. Ya en el período de confinamiento, ese uso llegó al 90%. En otras palabras: todos los profesionales de la Salud Mental experimentaron el uso de la videoconferencia para la atención de sus pacientes”, estima. 

Hilando más fino, comprobaciones posteriores señalaron que, si bien muchos tratamientos comenzaron con videoconferencia, ya en la segunda o tercera sesión derivaban en formas más simples de teleconsulta, como una llamada telefónica. “Sucede que los profesionales no están preparados para usar videoconferencia, no hay formación. Y los usuarios muchas veces no tienen acceso a la tecnología. Al final te quedas con lo más simple y fácil de usar”. Soto-Pérez considera que una cosa es el uso eventual y otra una practica permanente, lo cual requiere de formación de los profesionales y una transformación de la organizaciones.

"Antes de la Pandemia, el uso de videoconferencia entre los profesionales de la Salud Mental no llegaba el 20%. Ya en el período de confinamiento, ese uso llegó al 90%”.​

OTRAS FORMAS DE ATENCIÓN REMOTA​

Otra de las líneas de trabajo que tienen incidencia en la atención remota de la Salud Mental es el software o, más concretamente, las aplicaciones de rehabilitación cognitiva o entrenamiento de memoria, cuyos antecedentes más lejanos se ubican en la década de 1960. “Hablamos de un programa de software donde un neuropsicólogo ha establecido las actividades que el paciente debe hacer. Ese paciente puede completarlas desde su casa, y esto brinda unos resultados que permiten identificar automáticamente si la persona se mantiene desde el punto de vista cognoscitivo o va empeorando”, comenta el psicólogo. En este orden, existen también tests informatizados que permiten abordar ciertos padecimientos, como es el caso de los tests de depresión. “Esto está funcionando bien”, agrega. Una variante de esto son las apps móviles, que comenzaron a tener más protagonismo hace dos o tres años y que, en algunos países ya están siendo reguladas. Soto-Pérez destaca otro ámbito de aplicación de las tecnologías de la información, que son las revisiones de los tests. “Una prueba de personalidad MMPI, que tiene más de quinientas preguntas… Pues su corrección tenía cierta dificultad. Ahora, tu respondes en un formulario digital y en segundos tienes la corrección del test, con gráficos y demás. De manera casi inmediata tienes mucha información para tomar decisiones”.

La Realidad Virtual es otra de las tecnologías que se aplican en materia de Salud Mental, “que se ha utilizado mucho en temas de de-sensibilización, fobias, estrés postraumático… Los resultados de las investigaciones señalan que ha sido muy útil en estos casos”, asegura el investigador. Paralelamente, también se están empleando robots y mascotas robóticas en temas como soledad no deseada y cuidado de personas mayores o con discapacidades. “Hay una línea de investigación sobre estos temas. Hay ensayos clínicos que confirman que la gente los acepta. En tecnología, la primera fase siempre pasa por la aceptación y luego la satisfacción. En tercer lugar, se investiga si esto produce cambios. Allí destacan los robots sociales, que demuestran mejoras en la orientación de personas con demencia, o bien mejoras en los indicadores de bienestar porque las personas se sienten acompañadas, y también de control del entorno”. Soto-Pérez comenta que Japón y los países nórdicos europeos están más avanzados en este uso de la tecnología. “Vas a una residencia y casi seguramente te encuentras con un robot”.

Sobre las aplicaciones de la Inteligencia Artificial, el especialista es menos taxativo: “Eso todavía está en los albores. No tenemos certezas aun”.

"Ahora, tu respondes [una prueba MMPI] en un formulario digital y en segundos tienes la corrección del test, con gráficos y demás. De manera casi inmediata tienes mucha información para tomar decisiones”.​

A LA BÚSQUEDA DE MEJORES PRÁCTICAS​

La Pandemia fue un escenario caótico, donde muchos profesionales de la Salud Mental se vieron en la necesidad de incorporar los medios tecnológicos como una forma de mantenerse en contacto con sus pacientes. En esa circunstancia, pocos se detuvieron a pensar si había protocolos o mejores prácticas que pudieran aplicar. Soto-Pérez reconoce que, antes de la pandemia de COVID, era difícil encontrar publicaciones que hablaran de tecnología aplicada en Salud Mental en medios que no fueran muy específicos.

“A raíz del COVID comenzaron a aparecer protocolos y ensayos en revistas más generales. Entonces se hizo masivo el conocimiento. Recuerdo que, en esa época, la demanda de manuales, de guías de trabajo de buenas prácticas, era brutal. Y no sólo en Hispanoamérica, sino en todo el mundo. No había nada a la mano”, comenta en primera persona Soto-Pérez. “Por eso creemos que nuestro libro de casos es un hito. Probablemente sea el primero en todo el mundo, tal como afirma el otro responsable del volumen, Juan José Martí-Noguera. Tampoco hay formación. Acabo de terminar una revisión de los 72 grados en Psicología que hay en España, y sólo siete tienen alguna asignatura que trate la Telepsicología. Sólo un 10% de las carreras incorpora (habitualmente como un tema optativo; no asignatura troncal) las tecnologías”.

Para el especialista, esta falta de formación redunda en una carencia de competencias profesionales, condenando, en última instancia, a que el tema avance de a trompicones, a través de “investigaciones-piloto”, las cuales, si bien suelen encontrar financiamiento, no terminan generando ese valor acumulativo que habilita un avance en las prácticas.

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