PANEL VIRTUAL
CLAVES PARA ALCANZAR LA EFICIENCIA OPERACIONAL Y UNA CALIDAD MEJORADA DE LA ATENCIÓN EN SALUD
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Encuentro virtual organizado por
Revista Salud Digital Latino América
y auspiciado por Wolters Kluwer
Las entidades de Salud se ven jaqueadas por múltiples factores en su esfuerzo por proveer la mejor calidad de atención con los recursos disponibles, teniendo en cuenta además las demandas de los pacientes, cada vez más empoderados. En este primer panel sobre el tema, presentamos un extracto de estos desafíos y algunas de las respuestas que están dando las organizaciones de la región.
Wolters Kluwer y Revista Salud Digital Latino América convocaron un panel de decisores en el campo de la Salud, más específicamente: presidentes, directores y subdirectores de áreas afines, para discutir y contrastar aspectos relacionados con la eficiencia operacional y la calidad en la atención de los pacientes en America Latina. El panel tuvo por título “Claves para alcanzar la eficiencia operacional y una calidad mejorada de la atención en Salud”, y fue coordinado por Karla Strassburger Lona, Customer Success Manager para América Latina de UpToDate de Wolters Kluwer, y Alejandro Alonso, redactor en jefe de Revista Salud Digital Latino América.
Participaron del panel los doctores Dario Bruzzone Córdova, Director de Calidad y Auditoria en Salud en Clínica Internacional (Lima, Perú); Juan Carlos Hernández, Director Médico de la Clínica Porto Azul (Barranquilla, Colombia); Carlos Kerguelén, Subdirector de Métricas de Desempeño Clínico en Fundación Santa Fe de Bogotá (Colombia); Carlos Otero, CMIO del Hospital Italiano de Buenos Aires (Argentina) y Víctor Castillo, Presidente de la Fundación Cardiovascular (Colombia).
Un desafío tridimensional
En la actualidad, muchas organizaciones de Salud se encuentran con la necesidad de articular y armonizar tres dimensiones relacionadas con la medición de su desempeño. En primer lugar, deben proveer al paciente una calidad mejorada de atención. En segundo lugar, la medición del desempeño de la operación se hará en función de nuevos parámetros (con foco en el paciente, y no tanto en el uso eficiente de las instalaciones). Y, en última instancia, una realidad palpable: todo esto sucede en un contexto de recursos limitados. ¿Cómo están lidiando las organizaciones con este desafío en tres dimensiones?
El doctor Bruzzone Córdova propone: “Si vamos a tratar de simplificar todo, deberíamos primero regresar a la idea primigenia y a la convicción de que la Calidad (de atención) y la Seguridad (del paciente) están el centro. Los indicadores y todas las métricas que hagamos tienen que estar dirigidos a eso. Durante muchos años hemos estado generando una serie de indicadores muy groseros”. Estos indicadores eran del tipo mortalidad o estancia, a los que se sumaron luego otros de productividad: cuántos pacientes se podía atender en un cierto tiempo. “Hoy no sabemos cuánto podemos aplicar de estandarización de procesos clínicos. Y recién ahora nos estamos comenzando a preguntar si luego de haber atendido a los pacientes, usando la mejor tecnología, en poco tiempo y con la mejor eficiencia, si después de dos o cuatro meses nuestro paciente tuvo el resultado que queríamos. Esto es lo que, a la larga, debería interesarnos. Convencidos de que, bajo esa premisa, todo lo que se haga debería estar plenamente justificado para nosotros, los financiadores y los prestadores”, agrega el Director de Calidad y Auditoria en Salud en Clínica Internacional.
Para el doctor Kerguelén, esta necesidad de lidiar con los tres aspectos ya referidos está en el centro de la discusión, “no sólo a nivel regional, sino mundial. Porque lo que propone es una tríada que, si uno quiere ser reduccionista, marca la tendencia alrededor del valor que vienen proponiendo Michael Porter y otros colegas desde hace unos diez o quince años”, comenta, en referencia al concepto de Medicina/Salud Basada en el Valor. Kerguelén explica además que, desde hace una década, la estrategia corporativa de la Fundación está centrada en la gestión de estos aspectos: “Cómo seguimos promoviendo la calidad. Cómo tratamos, en un ambiente de escasos recursos, muy difíciles de conseguir, sobre todos los que vivimos en un sistema de Salud centrado en mercados. Y cómo se plantea una nueva forma de medir las cosas”.
El Subdirector de Métricas de Desempeño Clínico de la Fundación Santa Fe de Bogotá también da cuenta del proceso que llevó a las organizaciones a pasar de tener en cuenta los parámetros estructurales a medir “cuántas veces hacemos bien lo que se supone que debemos hacer bien” (es decir: medir procesos). “Pero esta nueva conversación nos está llevando, desde hace unos años, a responder una nueva pregunta: qué tan bien lo estamos haciendo al final del proceso completo de atención. Y eso nos pone los dos pies en una discusión y una mecánica muy fuerte, que puede parecer fácil de plantearla sobre el papel, pero es muy difícil de desarrollar, que se llama medición de desenlaces”. Para Kerguelén, lo que sigue es una discusión acerca de cómo entra la voz del paciente en ese proceso de medición de desenlaces.
En su respuesta, el doctor Hernández puso el foco en “el resultado esperado por el paciente”: un factor que ganó incidencia en los últimos tiempos. “Nunca nos habíamos centrado en qué esperaba realmente el paciente, y la pandemia nos partió la historia. Porque, al tratar de mejorar los accesos a los sistemas de Salud, cuando hacíamos la retroalimentación con los pacientes, sus respuestas eran completamente diferentes a lo que nosotros esperábamos. Creo que ése es el gran reto que tenemos hoy en día”.
El Director Médico de la Clínica Porto Azul pone como ejemplo la franja de jóvenes, por debajo de los 28 años, cuyo acceso a los servicios de Salud es casi nulo. “Ellos quieren tener los resultados en su teléfono, quieren tener todo en su teléfono y, como su teléfono no les da eso (esto es: nosotros, como instituciones, no brindamos por teléfono eso que ellos buscan de nosotros), pues básicamente no hay acceso a los sistemas, a menos que sea algo más grave, o que algún familiar los direccione”. Para Hernández, la respuesta no está en apartarse del eje institucional, porque existe una necesidad de cumplir con la regulación (en este caso de la legislación colombiana, “que es muy compleja, y nos obliga a cumplir con las métricas de hoy en día”, señala). Es en este contexto, señala el director médico, buscando el balance, que hay que salir a ver las expectativas del paciente, para tenerlas en cuenta.
Este artículo es sólo una parte de lo discutido en el panel “Claves para alcanzar la eficiencia operacional y una calidad mejorada de la atención en Salud”. Para acceder a la presentación completa ingrese aquí.
CÓMO ALINEAR LA CALIDAD CON LOS RECURSOS DISPONIBLES
El doctor Víctor Castillo considera que “debemos tener en cuenta que el centro de la actividad tiene que ser el usuario, el paciente, y que a partir de este enfoque uno trabaja en cómo se debe mejorar la calidad de la atención en el día a día”. Como ya se mencionó, aquí entra a tallar la Medicina Basada en el Valor, que demanda añadir valor a cada interacción, tanto en el aspecto clínico como social. “Pero esto no puede ir por fuera de todo lo que implica recursos físicos, recursos humanos. Hay que alinearlos a todos en función de ese objetivo para dar la mejor atención al paciente. Ése es el foco fundamental. Es una medicina que tiene que estar centrada permanentemente en el paciente. Y el reto pasa por alinear todos estos esfuerzos en cuanto a la calidad”. Castillo también señala que, en este momento, su país, Colombia, está atravesando una crisis en el sistema de Salud. “El Gobierno está tratando en el Congreso de modificar el sistema de Salud. Nos vemos abocados a esta tarea cada vez con más dificultades, pero todo eso no hace más que obligarnos a ser más recursivos. No debemos perder ese norte”.
“La complejidad que a mí me toca —comenta el doctor Carlos Otero del Hospital Italiano— es que nosotros tenemos que responder a todos esos roles, preparando los datos y los sistemas de información para que esto finalmente termine reflejándose en un número”. Ese número, explica Otero, es el que indica que la organización y su personal están haciendo las cosas bien. Esa complejidad arranca en cómo hacer para estandarizar la idea que los directivos de la institución tienen, de forma que ésta llegue de la manera más clara posible a los médicos y enfermeros en el frente de batalla, pero también al administrativo que participa de este proceso. “Eso es complejo de lograr. Cómo acercarles la información a todos nuestros colaboradores, a todos nuestros compañeros, y que todos tengan la misma capacidad de centrar el cuidado del paciente en la calidad”.
Por otro lado, Otero hace hincapié en “cómo guardar esa información para que estos datos puedan ser evaluados, para que estas acciones puedan ser evaluadas”, teniendo en cuenta el poco tiempo que médicos, enfermeros, administrativos… tienen y la cantidad de datos que se generan y son necesarios para avanzar en dicha evaluación. “La verdad que es un una época interesante, pero compleja, para los que hacemos Sistemas de Información en Salud, para poder responder a todas estas necesidades”. Otero aclara que, en la Argentina, “la calidad sigue siendo una buena intención de las instituciones, porque no estamos obligados (regulatoriamente) a atender con calidad, ni tampoco estamos recibiendo un pago diferencial por atender con calidad. Sin embargo, hay un compromiso de todas las instituciones locales de hacerlo. Es una motivación institucional. En este sentido, creo que tenemos que aprender de otros países, como Colombia, Uruguay y Chile, que tienen ciertas metas de calidad fijadas en sus estatutos para poder avanzar en un cuidado un poco más estandarizado”–